Reconocer, representar y redistribuir. Tensiones y retos de las equidad en políticas culturales y la cultura comunitaria. (Artículo)

Las políticas de equidad son un gran reto para cualquier política pública, si entendemos que el acceso a los recursos materiales y los bienes comunes deben ser cuidados, gestionados y regulados por parte de las estructuras democráticas como elementos que garantizan la distribución de la riqueza y la justicia social. En el caso de las políticas culturales, la equidad puede ser una gran oportunidad, o una gran trampa, según la usemos para trabajar y luchar las injusticias sociales y las hegemonías y concentraciones de poder de la cultura, o si más bien, la usamos , como tapadera aliomerativa, como parche social para defender que la cultura igualitaria se reduce simplemente a ser un motor de ascenso social, a consumir mas cultura o actividades culturales que otros reciben. Suponen actividades que algunos demarcan como cultura en discursos de disciplinamiento y segregación social: de quién posee cultura, quién no, quién tiene acceso a consumirla y quién tiene derecho a producirla. El reto es entender que no estamos ante extremos opuestos, pero que existe una tensión perfomativa en estas políticas culturales (Yúdice, 2004). En este escenario en tensión, la clave es cambiar las condiciones materiales, políticas y sociales donde los sujetos o comunidades parecen “acceder a la cultura”. Supone pensar los diversos grados de desigualdades en cultura que caben transformar radicalmente. Es decir se trata de vertebrar de forma más democrática las instituciones culturales, los modelos de gobernanza y el repartimiento de recursos en cultura en los territorios y en las poblaciones en general que habitan y usan esos territorios. De ahí que no se trate, como explicaremos al final del texto, no sólo de reconocer al otro para que acceda, de representarlo, sino también de pensar formas de distribución de los bienes culturales.

En este texto pretendemos revisar con algunos ejemplos algunas prácticas culturales que hemos desarrollado, para repensar las tensiones y retos de la equidad en cultura. En este caso hablaremos concretamente de las prácticas de cultura comunitaria y de gestión comunitaria, sin desbancar o disminuir la importancia de otros procesos culturales. Lanzaremos una mirada que nos permita explorar qué aportan estas prácticas a los discursos de equidad, y sobre todo, que suponen como luchas contra las desigualdades en cultura en diverso planos y con diversas prácticas situadas. Al final del texto como siempre, lanzaremos una pequeña coda a las nuevas formas de gobernanza como experimentos de justicia distributiva en políticas culturales.

Diseñar con los tejidos locales las prácticas de cultura ¿ Quienes diseñan los programas de acceso cultural?

Una de las claves para combatir las desigualdades, se fundamente obviamente en el acceso a los recursos y los modelos de gestionar cultura. En muchas ocasiones estos modelos se sirven de expertos que programan actividades o procesos comunitarios, de coordinadores, comisarios o gestores “profesionales” que lanzan un conjunto de actividades, que supuestamente permite garantizar el acceso a la cultura. El acceso se basa en reconocer que ciertas poblaciones, tienen derecho a disfrutar y ser espectadores de actividades culturales o implicarles en talleres o programas que son predefinidos sin diálogo no desde las realidades de estos grupos (por ejemplo actividades extraescolares). En nuestro caso muchas de las prácticas que hemos tejido, se han basado no tanto en lanzar programas, o tener incluso “modelos”, como si la cultura comunitaria se pudiera encorsetar o poner tipologías tan fácilmente. Más bien hemos tratado de generar iniciativas en diálogo con los saberes y actores de los territorios. Trazar con ellos las rutas y redes de trabajo, y generar en la medida de lo posible ecosistemas de trabajo.

Intentaremos aclarar este aspecto con en el programa de Interfícies, una plataforma de cultura y salud comunitaria que hemos desarrollado durante dos años en los barrios de Roquetas y Raval (2017-2019). Una de las claves a la hora de urdir el proceso ha sido generar una estructura de trabajo con las mesas de salud de los barrios, no tanto para buscar simplemente comunidades donde realizar residencias de artistas, sino más bien donde mantener espacios de diálogo y encuentro donde partir de las necesidades de los territorios. Con ello pretendemos co-diseñar en relación a los trabajos, experiencias e itinerarios que nos marcaban estos espacios comunitarios, como marcos comunes y como espacios de negociación y generación de indicadores situados y compartidos. Por ejemplo en el caso de Roquetas, con el apoyo del Plan Comunitario de Roquetas (“Fem Pinya” le llaman), y el trabajo de las referentes de salud , confeccionamos una comisión específica con la enferma comunitaria, el trabajador social, la dinamizadora del Plan Comunitaria y una persona referente del Centro Toni i Guida ( de gestión comunitaria). Con ellos trazamos el primer trabajo de Roquetas Barrio saludable, en diálogo con Teleduca y bajo la necesidad de visibilizar espacios de activos invisibles en salud, o lugares infra-representados del barrio donde se estaba potenciando la salud comunitaria desde otros espacios. Bajo este marco de trabajo Teleduca desarrolló mas de 34 encuentros, con talleres y entrevistas, donde esta comisión de cultura y salud comunitaria le marcó la agenda y acompañó en los contactos y coordinación. El resultado fue una web dinámica, con mas de 40 activos, textos y fotografiás de las personas implicadas, un mapa que recoge tres rutas en salud (de los cuidados, de intercambios, o espacios de vinculación) y una campaña de logos y diseño de Roquetas Saludable desarrollada por algunas entidades. En un segundo año se pactó trabajar con un grupo de mujeres mayores con algias, y relacionarlo con el trabajo con un instituto desde la Escola de l’IGOP, mediante el marco común de las culturas de los juegos colaborando con Lo Relacional. En el caso del Raval el primer año se rescataron saberes domésticos de gente mayor, y se relacionó con temas de salud, territorios que cuidan y relatos y narrativas del barrio, a partir del colectivo de Territoris Oblidats y el segundo se trabajo con el Forn Teatre de Patothom sobre temas de jóvenes, derecho a la ciudad y vivienda ( el tema de los narcopisos era clave) .

El sujeto político que se activa: ¿Quién toma parte y se reconoce como activo cultural?

Un segundo aspecto interesante de Interfícies ha sido el sujeto político ,  usuario/a medio, que ha estado implicado: a partir de un seguimiento cuantitativo y una evaluación, detectamos que la mayoría de usuarios y participantes fueron mujeres (70%), y de estas muchas eran mayores, además de que también se sumaban colectivos de mujeres migrantes y poblaciones de diversidad de origen en el primer año. Este aspecto es interesante revisarlo a la luz de las políticas de equidad en cultura: mientras que las mujeres son un activo de comunidad y vinculación muy fuerte en barrios como Roquetas o Raval, al mismo tiempo son desplazadas como actor político central en cultura. Es decir, los procesos culturales en general, pocas veces atiende a este tipo de sector poblacional, y mucho menos le representan y reconocen como activo en cultura y comunidad, con saberes y relaciones, más allá de grupos de tercera edad que visitan museos o hacen salidas “culturales” ( las abuelas que hacen pilates o excursiones). El hecho de trabajar desde las memorias con espacios de comunidad de mujeres vulnerables mayores, de rescatar saberes de cuidados o de juegos en el espacio público, relacionó y activó a perfiles de mujeres, y de personas mayores como sujetos activos en cultura, con sus modos de hacer, sus formas y capitales sociales propios, más allá de sujetos incultos a los que hay que garantizar el acceso a la alta cultura o el consumo cultural.

Otro aspecto interesante de estas prácticas tiene que ver con los contenidos del trabajo de investigación y generación de narrativas que han permitido los 4 procesos desarrollados a día de hoy. Las temáticas que han surgido son aspectos sociales que tienen que ver con las exclusiones, con las relacione de poder en los barrios, y con espacios diversos donde se generan desigualdades y donde se pueden generar otras formas de combate o resistencias urbanas. El trabajo de activos de Teleduca , como red de activos invisibles que representa un barrio que se cuida y relaciona saludablemente, o el trabajo de Territorios Oblidats con la idea de los cuidados domésticos y los remedios caseros, suponen pensar otras formas de sostener la vida y generar territorio, que en el caso del Raval dan cuenta de saberes domésticos e invisibilizados (como los herbolarios que existían o las redes de soporte mutuo entre vecinas). Se trata de una suerte ejemplos de estrategias micro de recuperación de barrios saludables, espacios quizás donde luchar contra la gentrificación. Este año por ejemplo con el espacio de Teatro Forn Pa’tothom, se ha desarrollado una obra con jóvenes que hablaba entre otras cosas de los problemas de vivienda, de la especulación y turistificación del barrio. Bajo el formato de teatro-foro ha dado pie a pensar el problema del acceso a la vivienda como un derecho y como una lucha social, más que como una mercancía o un privilegio de unos pocos. Representar y combatir las desigualdades sociales y activarlas en un debate público, también es parte de una agenda sobre cómo la cultura puede estar articulada con políticas de equidad.

Taller con mujeres sobre remedios domésticos y memorias comunitarias- interficies+ territoris oblidats- Espai Social Raval, junio de 2018

La gobernanza de las instituciones como combate de las desigualdades: ¿Reconocer y redistribuir?

Otro aspecto importante que abre un campo de exploración diferente, es pensar en términos de desigualdades en cultura, de forma situada y partiendo de la idea de la gobernanza. Si bien, el acceso a la cultura en sus múltiples formas es importante, puede ser aún más interesante pensar en instituciones de gestión comunitaria o ciudadana como modelos de combatir la desigualdad. Prototipos de políticas públicas donde las personas afectas o cruzadas por estas desigualdades deciden de forma colectiva con otras personas de sus territorios, qué programas, criterios y modelos pueden desarrollarse. Es decir qué modelo de justicia y de re-equilibrio territorial se gestiona en los territorios. Los equipamientos y espacios de gestión comunitaria supondrían espacios de equidad radicalmente cualitativa y democrática: las mismas comunidades se organizar, trabajan sobre un recurso común (un casal, un solar, un teatro, una fábrica de creación) y se regulan con un modelo de gobernanza desde donde poder tramar pensar los programas culturales, y ser parte directa, activa de la toma de decisiones de estas políticas culturales, más allá de consumidoras o partícipes de creaciones comunitarias. En este tipo de trabajo los criterios de equidad, no serán designados desde arriba, por diagnósticos o expertos sociales, sino serían valorados, dialogados y activados desde indicadores locales y de las comunidades; siempre entendiendo que estamos hablando de valores comunitarios indiscutibles como  justicia social , transparencia y derechos humanos y sociales básicos. Por ejemplo el trabajo del Teatro Arnau, donde hemos formado parte, a partir del 2018, y fruto del primer programa desarrollado en gestión colectiva, decidimos poder darnos tiempo para repensar el Arnau 2019: fruto de ello se desarrolló un espacio de trabajo de mas de 7 sesiones. Este laboratorio recogió ya diversas evaluaciones anteriores, y decidió poder priorizar trabajar con entidades y comunidades no euro-céntricas, de interculturalidad  que normalmente están apartadas del consumo o de los públicos de los equipamientos culturales o teatros. También acordamos además poner énfasis en algunos ejes de centros educativos de máxima complejidad, de jóvenes migrantes de barrios específicos, de mujeres de diversidad cultural o el trabajo con colectivos de subjetividades disidentes y sus espacios alternativos y sociales de los barrios. Este paso a aplicar estos criterios no se realizó con criterios de forma universal, o desde un marco generalista , sino a partir de la experiencia vivida y del trabajo en colectivo, que lo suyo nos costó. Además se trata no tanto de ofrecer oportunidades de consumo cultural, sino de un trabajo de calado comunitario y territorial que focaliza en este tipo de grupos con un criterio de re-equilibrio, de redistribución y de reconocimiento de sus saberes, culturas, y modos de vinculación comunitaria. En este caso desde el Teatro Arnau se ha generado un programa en diálogo con las artes vivas, las artes menores o “minorizadas” y las diversas memorias y expresiones disidentes, alternativas, subalternas o invisibilizadas que hay en los barrios del Raval, Sant Antoni i Poble-sec. LLeva por título Crucemos el Paralelo. Activar estas formas culturales se inserta en la otra memoria del Paral·lel y el Arnau, un espacio de artes y sujetos disidentes, migrantes y formas de cultura popular colectivas que tejieron la avenida y los barrios.

Cartel sobre actividad- taller- visita guiada experimental de mundos paralelos sobre culturas flamencas, gitanas y comunidades invisibles en la avenida Paralelo. Teatro Arnau Itinerant.

Taller Arnau Itinerant de serigrafía popular y queer con un bar -libreia transfeminista de Poble sec: La Raposa

 

A modo de cierre… ¿Justicia redistributiva en cultura?

Nancy Fraser, describía en una publicación titulada “Justice interruptus” de 1998, cómo el estado social se había articulado siempre en las pretensiones de una justicia universal; una se basaba en el falso principio igualitario, liberal, de a todos y todas lo mismo. De este modo la justicia sería mas social e igualitaria, más garante de democracia, si a todos los sujetos de una misma sociedad les dábamos los mismos recursos materiales y condiciones, como personas universales, como individuos aislados de la condición social. Por el contrario, debido a las políticas de diferencia y representación, esta autora exponía que existía un modelo de justicia más igualitario y situado que el universal, el de la justicia distributiva. Una justicia que no piensa en los ciudadanos como entes universales, como unidades igualadas. Más bien se exponen formas de justifica situadas, de redistribución de recursos y las condiciones de cada ciudadano o grupo social, en contextos específicos con especial énfasis en generar mecanismos de toma de decisiones y reconocimiento de los grupos desfavorecidos. El estado no seria pues garante de un justicia universal , única, perfecta que nos iguala a todos, sino mas bien un mediador, un dispositivo que permitiera la distribución de los derechos y las necesidades situadas de cada grupo específico, una interfaz que reconoce las múltiples diferencias mas que un gestor centralista de valores uniersales

Este posicionamiento hacia una justifica diferencial también es defendida tambien por Irish Marian Young (2001) , quien reconoce las diferencias culturales como un imperativo para una sociedad más justa. Por ello ataca la idea de igualdad universal, ya que es asimilacionista, impone un relato hegemónico sobre la justicia y su acceso. Como consecuencia excluye las diferencias de raza, género o etnicidad, a la vez que trata a la persona como individuo aislado, y no como persona incluida en un grupo social y cruzado por diversas condiciones y diferencias. Por eso la autora señala la imperante necesidad de promover mecanismos que reconozcan la representación de grupos políticos excluidos y no dominantes para repensar sobre la redistribución de recursos, y no asimilarlos a las ventajas de los grupos privilegiados y por ello asimilarlos mediante  mecanismos de reconocimiento hegemónicos. Aquí podríamos argumentar que se articula una igualdad paternalista, no empancipadora, que no cambia el propio mecanismo de la justicia. Una justicia que perpetua los roles, hábitos y modelos de las clases o grupos dominantes.

En el campo de las equidades culturales (en plural) este aspecto es clave si pensamos que no se trata tanto de la perspectiva asimilacionista de una justicia cultural universal (la de acceso a una alta cultura o consumo que marcan los grupos dominantes ) sino más bien la de redistribución y mecanismo de garantía (políticas culturales que distribuyan recursos por políticas de diferencia, que tengan mecanismos situados y locales para incluir estos grupos en la toma de decisiones o criterios sobre sus exclusiones y sobre justicia cultural). Este cambio, nos ayudaría a luchar contra las tendencias asimilacionista de cultura: los nuevos públicos que no pueden tomar ninguna decisión cultural o se les reconoce para asimilados al sistema hegemónico de patrón cultural de la institución, la tendencia a domesticar públicos diferentes. El asimicionalismo también se despliega en aquellos programas de inclusión social o educativos, marcados bajo los parámetros de los grupos dominantes, que defienden la equidad como el ascenso social, ascenso en el sentido de entrar en los marcos, discursos y habilidades de los grupos dominantes en cultura, sin cambiar o transformar las condiciones materiales donde estos grupos dominantes, quienes en última estancia toman las decisiones y distribuyen recursos ( ¿Quién decide y valida el preseupuesto de educación o el programa del Liceo?). El reto por tanto de las políticas de diferencia e igualdad conlleva trabajar el reconocimiento desde la diferencia y la distribución material de recursos. Y esto se hace, como indica Fraser, reconociendo no sólo los derechos específicos de las minorías y grupos dominantes, sino el derecho a la toma de decisiones sobre la misma justifica, el derecho a tener derechos de las desfavorecidas, a decidir directamente sobre sus derechos culturales como activos, no como pasivos o muertos culturalmente. el derecho a redistribuir los bienes culturales. Con ello se pretende activar otras resortes en política cultural: reconocer, representar y distribuir como los ejes sobre los que orbitar los derechos culturales. Una apuesta por una ciudadanía cultural diferenciada, que comporte mecanismos claros de distribución material y reconocimiento cultural. Una no puede ir separada de la otra. Son vectores claves que son sumamente importantes para tener una justicia social y cultura radicalmente igualitaria, distributiva y situada.

A partir de todo lo expuesto cabe otro matiz importante:Analizar las lógicas de igualdad y exclusión en el campo de la cultura es algo que no debería de estar sujeto a modelos fijos y de diagnósticos que predeterminen los criterios de igualdad en lógicas de análisis y programación fijas, estancadas, de expertos que diseñan desde arriba . Más bien pensar las políticas culturales y sus desigualdades supone pensar constantemente en relaciones de investigación-acción (o ciclos de reflexión-acción como enunciaba ya Paulo Freire) . Supone mirar de forma situada a los modos de experimentar los derechos culturales desde la representación, el reconocimiento y la redistribución. Nos situá en espacios orgánicos donde estar atentas a las diversas desigualdades que nos cruzan en nuestras vidas y los barrios que habitamos (de género , de raza, de clase, cultura, de acceso a la vivienda). Reconocer es dejar siempre abierta la puerta a otros actores y otros marcos que nos indiquen nuestros puntos ciegos. Es garantizar que entren otros saberes y otras voces en la toma de decisiones y la discusión sobre la igualdad en cultura, es dejarse afectar y escuchcar activamente. Los vectores de trabajo con los derechos culturales se estipulan en elementos que van desde el disfrute y consumo de la cultura (acceso), al trabajo con procesos culturales y creativos que reconocen los derechos de las personas como activos culturales (cultura comunitaria y programas de participación-creación cultural comunitaria), hasta los modelos de gobernanza que defienden la democracia cultural y la soberanía cultural (gestión comunitaria o ciudadana) . Estos vectores se retroalimentan, no son relaciones dialécticas simplemente de menor a mayor grado, mejores o peores, superiores o inferiores. Las diversas personas circulamos por estas capas implicación cultural: los apropiamos, los disfrutamos y los tensionamos por igual.  En las instituciones mismas conviven y se desarrollan de diversas formas, con diversas escalas y con potencial de modulación. Muchos programas de acceso a la cultura se articulan también como espacios de creación cultural comunitaria e interpelan otras formas de implicarse y transformas instituciones culturales. Por otro lado los espacios de gestión comunitaria también programan espectáculos de acceso y reflexionan sobre las comunidades y formas políticas de consumir cultura local y cooperativa.

Esta mirada de reconocimiento y distribución no se acaba sólo en la mirada de barrios: hace falta preguntarnos qué mecanismos de acceso y toma de decisiones generan otros equipamientos de ciudad, aunque sea a baja escala o en espacios experimentales. Esta cuestión es clave, porque la distribución de recursos en equipamientos de ciudad y su concentración en el centro de Barcelona, nos hace preguntar también obre la justicia social y territorial de la cultura, a nivel de barrio y de ciudad , sin perder la mirada geográfica y de reparto de recursos. En este sentido es necesario pensar la democracia interna de los equipamientos, y otras formas , alianzas y estrategias de descentralización real de la cultura, como base para lucha de las desigualdades. La clave sigue siendo cómo luchar contra todo tipo de desigualdades, cómo experimentar y genera mecanismos reales de reconocimiento cultural y de distribución de recursos para vivir y sostener nuestras

** Texto para las jornadas de Kulturopias II: Cultura y Equidad.  Zaragoza. Abril 2019

Referencias

Fraser, Nancy (1998) Justice Interruptus: Critical Reflections on the “Postsocialist” Condition: Lodon: Routledge.

Young, Irish. Marian (2001), Justice and the Politics of Difference. Princeton, New

Jersey: Princeton University Press.

Yúdice, George (2004) El recurso de la cutlura. Barcelona : Gedisa.

Proyectos / instituciones

INTERFÍCIES: plataforma de cultura y salud comuntaria.

www.interficies.net

Teatro Arnau.

https://www.barcelona.cat/teatrearnau/

flickr para fotos de interficies i programa Creuem el Paralel, teatro Arnau.

https://www.flickr.com/photos/transductores/albums

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